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Dos ataques de oso en Yellowstone
dimecres, 19 d'octubre de 2011 07:51

Han pasado veinticinco años desde que se produjo la última muerte por ataque de oso en el  mítico Parque Nacional de Yellowstone.

Y en este tiempo han pasado por el parque más de noventa millones de visitantes que han regresado a sus casas con miles de fotografías y muchas historias bellas que contar.

La información sobre las medidas a adoptar por parte de los visitantes para salvaguardar su integridad es clara, exhaustiva y al alcance de todos.

Los controles, la vigilancia y el seguimiento de la interacción entre los visitantes humanos y los residentes naturales del parque -la mayoría de ellos animales salvajes y, como tales, potencialmente peligrosos- por parte de los rangers se rigen por rigurosos protocolos de obligado cumplimiento y sus actuaciones son inmediatas y de una gran profesionalidad.

Con la experiencia de haber visitado Yellowstone, de haber vivido en primera persona la emoción de encontrarse con bisontes a escasos metros de por donde transitas; de fotografiar compulsivamente -pero con gran respeto- a los osos que se desplazan ajenos a todo y a todos por los bosques, los prados o las montañas; de adentrarse por los centenares de senderos que se ofrecen a los visitantes para gozar de la naturaleza en su estado más puro, defiendo el derecho de los animales a su espacio vital, a su vida, a sus reacciones defensivas, a su peligrosidad, a ser respetados, comprendidos y protegidos.

Y entiendo que el remoto riesgo de ser atacado por un alce, por un bisonte, por un coyote o por un oso es infinitamente menor al riesgo de sufrir un accidente de coche en cualquier autopista, autovía o carretera de cualquier rincón del mundo.

Este verano, en Yellostone, ha habido que lamentar la muerte de dos personas. El primer ataque se produjo en el mes de julio, cuando una pareja de visitantes estadounidenses tuvo un encuentro, en el sendero que lleva hasta el lago Wapiti, con una osa grizzly y sus dos oseznos. A pesar de encontrarse a unos cien metros del animal, y de que la consigna del parque es NO CORRER nunca (y llevar un esprai de pimienta en la mochila) y retirarse sin dar la espalda y manteniendo la calma, los excursionistas se pusieron a correr y a gritar, acciones que la osa interpretó como amenazadoras hacia su prole y que desencadenaron una reacción defensiva de persecución y ataque que fue mortal para el hombre. La mujer no sufrió ninguna herida y pudo ser rescatada después que la madre osa se retirara del lugar rápidamente, llevándose a sus crías.

El segundo incidente tuvo lugar en el mes de agosto en un área cercana al Mary Mountain Trail. La víctima fue un excursionista que viajaba solo y que había acampado en esa zona frecuentada por visitantes. No se saben detalles del incidente porque no hubo testigos y el desafortunado fue encontrado por otros excursionistas la mañana siguiente.

¿Fue atraído el animal por algún olor determinado? ¿Buscaba comida? ¿Fue sorprendido por el excursionista?  Muchos interrogantes y, de momento, ninguna respuesta.

Quizás sea que se están quedando sin mundo, sin espacio vital, sin derecho a la vida. O que nosotros ejercemos como la especie dominante en que nos hemos convertido y creemos tener todos los derechos sobre los otros habitantes del planeta.

Quizás.

 

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