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Caminos de tierra, autopistas de asfalto
Caminos de tierra, autopistas de asfalto
Sábado, 29 de Mayo de 2010 00:00
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Desde sus orígenes, la mayor parte de la Biodiversidad del Planeta se ha caracterizado por poseer la facultad de desplazarse para buscar alimento, explorar nuevos territorios o reproducirse.

En un principio fueron esas migraciones las que expandieron la especie humana por el mundo. Y con su evolución, esta especie se fue adaptando a todo tipo de hábitats, y fue explotándolos y sometiéndolos.

Nacieron los poblados, los asentamientos, las tribus, las villas, las ciudades... y el mundo se llenó de vías de comunicación terrestre: de caminos, carreteras, vías férreas, autopistas, puentes, viaductos...

La red visible de infraestructuras en que hemos convertido nuestro mundo de asfalto y cemento ha creado un laberinto en el que las otras especies se pierden, o pierden lo más preciado que tienen, la vida, buscando atravesarlas, superarlas, ignorando los peligros a los que se someten cuando se dejan llevar por su instinto y buscan antiguos caminos, en su memoria de especie, que hoy ya no existen.

Ayer vi las imágenes de decenas de miles de ranas intentando atravesar la autopista Egnatia, en Salónica, para buscar nuevos lugares donde vivir, en una emigración extraordinaria desde un lago cercano en el que habían nacido. Me apenó profundamente la imagen de neumáticos de vehículos veloces intentando sortear diminutos batracios que seguían su instinto... ningún gen les alertaba que aquella ruta ancestral era ahora una trampa mortal.

Por no hablar de las ancestrales migraciones de los caribúes en Alaska, que si la inteligencia humana no lo remedia (y frena la avaricia de unos cuantos, que son los que están destrozando el planeta de todos) tienen los días contados ante la fiebre del oro negro que la administración Bush bendijo autorizando nuevos pozos petrolíferos en esa zona.

O las migraciones de los ñus en Tanzania. O las de millones de aves que, aunque no topen con cementos ni asfaltos, mueren bajo esas nuevas infraestructuras que son los tendidos eléctricos o los parques eólicos.

Creando estas vías más rápidas, más eficaces, más caras, hemos impuesto un modelo territorial en el que lo extraordinario, dentro de poco, va a ser poder caminar sobre tierra, sobre arena, sobre charcos de agua de lluvia, sobre lo que fue un mundo natural.

Hemos relegado nuestra vida salvaje a "reservas" de las que no pueden ni deben salir, a no ser que pongan en riesgo sus vidas, como fue el caso de Franska, una osa eslovena reintroducida en Pirineos que fue atropellada en agosto del 2007, o del joven oso que murió en octubre del 2008 en la autovía A-6 en Trabadelo (León), atropellado también por un camión.

Esta fauna, a la que hemos ido arrebatando su hábitat, sobre la que hemos ido depredando con una voracidad inaudita, se ha ido refugiando en los últimos lugares salvajes y, por su propia seguridad, se ha ido haciendo más huidiza, más discreta, más oculta a los ojos de los humanos.

De manera que es muy difícil caminar por un bosque y coincidir con la fauna residente. Es muy difícil poderlos observar y más difícil aún, fotografiarlos.

Han aprendido a huir de nosotros y sus sentidos les advierten de nuestra presencia con una inmediatez envidiable.

Para poder hacer seguimiento de mamíferos la técnica más eficaz se está demostrando que es el "trampeo" fotográfico, de la que el FAPAS es un experto.

En el último número de su revista digital nos ofrecen una extensa muestra de imágenes tomadas en los bosques asturianos, aprovechando un antiguo camino de carro que hoy en día se ha convertido en un excelente paso de fauna.

En el artículo "La importancia de los caminos en la naturaleza", FAPAS defiende la necesidad de aprender "a conocer la importancia que para la conservación de la fauna poseen los viejos caminos, pues quizás nos sorprendería que de su conservación, también dependen muchas especies de nuestra fauna". Y para ilustrarlo nos ofrecen una selección de fotografías, tomadas con una cámara de infrarrojos, que muestra la frecuentación del camino a lo largo de unos días: lobos, ciervos, jabalíes, corzos, tejones, ginetas y osos van y vienen por un antiguo camino humano y dejan su imagen plasmada en el corazón de la cámara para deleite de todos, técnicos y aficionados, naturalistas y biólogos.

La plaga humana amenaza con llegar a los 9 000 millones de individuos en 2050.

Más es más: más necesidad de alimentos, más expoliación de bosques y selvas para transformarlos en tierras agrícolas, más viviendas, más infraestructuras, más necesidades energéticas, más depredación sobre los recursos naturales... más.

Y en este caso, MÁS es siempre MENOS.

Más humanos = menos Biodiversidad.

Todo serán, ya, autopistas de asfalto, barreras de cemento.

Queda, como en la Guerra de las Galaxias y remedando a Obi-Wan Kenobi, un deseo: "Que la Fuerza os acompañe, amigos míos".

 

 

 

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