. Cuando los mortales decidimos desconectar de la vida cotidiana y oxigenarnos, no sólo físicamente sino también espiritualmente, muchos de nosotros optamos por ir a lugares alejados, solitarios; espacios naturales donde aún se conserva la esencia de ese mundo primigenio que en algún momento no tan lejano era muy parecido a lo que yo llamo "paraíso". Es una gozada adentrarse en un bosque, oler aromas olvidados y tocar texturas muy diferentes a las que nuestro mundo artificial nos pone al alcance de la mano cada día. Pero lo mejor para mi es interpretar ese paisaje. Descubrir quienes son sus habitantes, qué hacen, dónde viven, por dónde se desplazan, qué comen... En pocas palabras: observar y deducir. Y esta labor de CSI podemos hacerla siempre. Porque si nos fijamos bien, si estamos atentos a los mensajes que nos llegan, seguro que encontraremos unas huellas, unos excrementos, algunas plumas, huesos, pasos de fauna, guaridas, carroña... La naturaleza siempre nos habla. Somos nosotros quienes tenemos que ser capaces de interpretarla. Hace tiempo tuve la suerte de asistir a un curso sobre Espais naturals protegits, a cargo de Martí Boada, un eminente naturalista y ambientalista que nos regaló unas lecciones teóricas magistrales y que nos hizo disfrutar de unas jornadas prácticas inolvidables sobre cómo moverse por el medio natural y cómo identificar a sus moradores. Yendo tras él, por caminos y veredas, nos enseñó que una de las líneas de "investigación" más certeras para saber quién vive allí, quién ha pasado por allí, es la escatológica: hay que recoger excrementos y analizarlos. O lo que es lo mismo, olerlos, deshacerlos (así se sabe qué ha comido el autor del "regalo"), fijar-se en su tamaño, su forma, su disposición, su localización... Ya sé que suena a "beeeeecsssss"... Pero él es un gran coleccionista de "cacas" y los que descubrimos ese mundo con él, nos hemos dedicado a fotografiar todas las "tifas" posibles, ya que a muchos nos ha sido muy difícil acceder a una colección real. Generalmente, los compañeros de viaje son reticentes a cargar, directa o indirectamente, con tales reliquias y una de las frases más oídas ha sido siempre: "tú no vienes con nosotros con ese cargamento de "tifes". Y así fue como no pude traer restos de digestión de caribúes, de mooses, de coyotes y, mucho menos, de osos negros o de osos de Kodiak. Pero sí traje estas imágenes, que suelen valer más que mil palabras y además no huelen.
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